Siguatepeque 1° de Marzo del 2011
Queridos hijos,
Con mucha anticipación, sintiéndome conmovido por los sucesos presentes y por el rumbo que está tomando la sociedad actual, quisiera motivar en ustedes el deseo de la mejor y la más noble de las aspiraciones en cuanto al desarrollo y origen de las sociedades.
Teniendo en cuenta que la base de una buena sociedad es una buena familia, quisiera ir un poco más allá y mencionar que la base de una buena familia son las buenas tradiciones que logran que los hijos de un hogar se conviertan en mejores hombres y mujeres.
Un buen hombre y una buena mujer, por seguro formaran una buena familia basada en buenas costumbres y sobre todo, buenas tradiciones.
Es mi deseo que tengan una idea, lo más precisa que se pueda, de lo que es una buena mujer, a la que ustedes deben aspirar, pero antes que nada a la que ustedes deban merecer. La única condición moral para merecer una buena mujer es ser un buen hombre. Para dar una idea de lo que es una buena mujer, he describir a esa mujer, a la más noble y humanamente perfecta mujer que es mi esposa:
Ella es diligente en su vida. No desperdicia sus días en el ocio inmerecido. Su actuar semeja en cualidades a las hormigas de la tierra que trabajan arduamente esperando de la mejor manera un mañana que nunca la encuentra desprevenida.
Su despertar es de alegría y lleno de optimismo como el de los triunfadores. Su atardecer es de satisfacción al contemplar los logros de su obra diaria.
Su sueño es como el de los ángeles porque su alma reboza de paz y sosiego como el alma de un niño. Toda su persona es llena de inocencia y su escudo es la prudencia.
Con seguridad, su vida apunta con destino hacia la gloria.
Su rostro sereno, tranquilo y sonriente ilumina mi vida. Me brinda su guía por los escabrosos caminos de mí recorrido por este valle de lágrimas en que se ha convertido el mundo actual.
Sus talentos afloran en detalles de amor por lo que su flauta ameniza mis tristezas y sus manos angélicas recorren mis mejillas susurrando su presencia.
Ella es como la rosa, fragante y bella. Exquisita es la forma de su alma y la forma de su cuerpo. La tersura de su voz es para consuelo y consejo de su esposo.
Su piel de niña es como la seda y sus labios son como los lirios.
En toda su esencia es una Rosa; indudablemente, la proverbial Mujer Virtuosa.
Ella es mi esposa.
Con Amor,
Su Padre, Ever
0 Leer o Escribir Comentarios:
Publicar un comentario