Estaba en mi quinta área en la misión (Barrio Central de la Estaca Central en Guatemala) cuando me sucedió una experiencia especial y es la que ahora compartiré en este post. Estábamos visitando a una hermana de la iglesia a quien habíamos bautizado hacia pocos días y aparentemente esta hermana y su familia estaban pasando dificultades del tipo temporal. Problemas económicos como la mayoría de nosotros.
En cierta parte de la plática, sin que viniera a colación, soltó esta pregunta: ¿Élder, que me promete Dios? Esa pregunta no me preocupó para nada al principio porque creía tener la respuesta y haciendo gala de mis habilidades misionales rápidamente busqué Apocalipsis 2: 26 y empecé a leer: “Y al que venciere, y guarde mis obras hasta el fin…”
- No Élder, no en el futuro. Quiero saber que me promete mi Padre ahora que soy materia y tengo problemas temporales. Tengo entendido que soy hija de un Rey y como Princesa que soy no debo pasar ciertas dificultades – Me dijo de una manera tan rápida que me dejo helado y empecé a preocuparme.
Tratando de encontrar algo que decirle descubrí que nunca me había planteado semejante situación así que pensé dentro de mí que era mejor esperar hasta el momento en que me diera la oportunidad de responderle y confiar en que el Espíritu me pondría las palabras adecuadas en mi boca y así fue.
- Hermana – Contesté – Usted es hija de Dios y tiene derecho a todas su bendiciones pero suele suceder que a veces no obtenemos lo que queremos porque no sabemos cómo pedirlo.
Noté como esto le llamó la atención y entendí que debía proseguir.
- En Santiago leemos que pedimos y no recibimos porque pedimos mal (Santiago 4: 3). Le recomiendo y le prometo, que antes de orar pidiendo usted misma analice el problema, evalúe las opciones y formule dos o tres planes y cuando menos uno y entonces ore y presente esos planes a Dios y pídale que le indique cual es el mejor.
Me sentí fuera de mi, sentí que esas no eran mis palabras y pude ver como aquella hermana cambiaba su semblante y como si quisiera gritar de alegría dijo: “Hoy me ha enseñado a pedir, Élder”
En realidad, ahora, lo que le dije a esa hermana me parece muy lógico pero sé que en aquel momento fue toda una experiencia y como tal es sagrada. Por lo mismo quisiera recomendar a cualquier persona que está pidiendo y aun no ha obtenido una respuesta que haga lo mismo que le explique a esta señora y verá como las cosa cambian.
Muchas veces no recibimos porque hacemos lo mismo que Oliver Cowdery, quien pensó que bastaba con pedir. Veamos este fragmento de una revelación dirigida a él: “He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme. Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si asa fuere, hare que tu pecho arda dentro de ti; por tanto sentirás que está bien” – Dy C 9: 7-8
Hermanos y hermanas, en relación con el tema anterior, si usted sigue pidiendo trabajo, compañer@ etern@ o una casa sin estudiar las opciones y posibilidades déjeme decirle que seguirá orando por un rato mas. Usted debe usar el poder de la mente, imagine, piense y planee y el Señor le dirigirá y bendecirá sus planes y tendrá éxito.
Hasta Pronto.
ESCRITO Y PUBLICADO POR EVER MARTINEZ

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